30 marzo 2014

Padre Ignacio Larrañaga
LA GRACIA DE DIALOGAR (Autor: I. Larrañaga)

Señor dios, te alabamos y te glorificamos por la hermosura de ese don que se llama diálogo.
Es un “hijo predilecto” de dios porque es como aquella corriente alterna que bulle incesantemente en el seno de la santa trinidad.

El dialogo desata los nudos, disipa las suspicacias, abres las puertas, soluciona los conflictos, engrandece la persona, es vinculo de unidad y “madre” de la fraternidad.

Cristo Jesús, núcleo de la comunidad evangélica; haznos comprender que nuestras desinteligencias se deben, casi siempre, a la falta del dialogo.

Haznos comprender que el dialogo nos es una discusión ni un debate de ideas, sino una brusquedad de la verdad entre o más personas.

Haznos comprender que mutuamente nos necesitamos y nos complementamos, porque tenemos para dar y necesitamos recibir, ya que yo puedo ver lo que los otros no ven, y ellos pueden ver lo que yo no veo.

Señor Jesús, cuando aparezca la tensión, dame la humildad para no querer imponer mi verdad atacando la verdad del hermano; de saber callar en el momento oportuno; de saber esperar a que el otro acabe de expresar por completo su verdad.

Dame la sabiduría para comprender que ningún ser humano es capaz de captar enteramente la verdad toda, y que no existe error o desatino que no tenga alguna parte de verdad.
Dame la sensatez para reconocer que también yo puedo estar equivocado en algún aspecto de la verdad, y para dejarme enriquecer con la verdad del otro.

Dame, en fin la generosidad para pensar que también el otro busca honestamente la verdad, y para mirar sin prejuicio y con benevolencia las opiniones ajenas.
Señor Jesús, danos la gracia de dialogar. Así sea.

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