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| Padre Ignacio Larrañaga |
LA GRACIA DEL AMOR FRATERNO (Autor: I. Larrañaga)
Señor
Jesús,
·
Fue tu gran sueño que
fuéramos uno como el padre y tú, y que nuestra unidad se consumara en nuestra
unidad.
·
Fue tú gran mandamiento
testamento final y bandera distintiva para tus seguidores.
·
Que nos amaramos como tus
nos habías amado; y tú nos amaste como el padre te había amado a ti.
·
Esa fue la fuente, la
medida y el modelo.
·
Con los doce formaste una
familia itinerante.
·
Fuiste con ellos sincero
y veraz, exigente y compresivo, sobre todo muy paciente.
·
Igual que en una familia,
los alertaste ante los peligros, los estimulaste ante las dificultades,
celebraste sus existo, les lavaste los pies, les serviste en la mesa.
·
Nos distes, primero, el
ejemplo y, después, nos dejaste el precepto ámense como lo he amado.
·
En la nueva familia o
fraternidad que formamos en tu nombre te acogemos como don del padre y te
integramos como hermano nuestro, señor Jesús.
·
Tú serás pues, nuestra fuerza
aglutinante y nuestra alegría.
Si tú no
estás vivo entre nosotros….
Tú te
repites y revives en cada miembro….
·
Derriba en nosotros las altas murallas levantadas por el egoísmo,
el orgullo y la vanidad.
·
Aleja de nuestras puertas las envidias que obstruyen y destruyen
la unidad.
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Líbranos de las inhibiciones. Calma los impulsos agresivos.
·
Purifica las fuentes originales. Y que lleguemos a sentir como tú
sentías, y amar como tu amabas.
·
Tú serás nuestro modelo y nuestro guía, oh señor Jesús.
·
Danos la gracia del amor fraterno: que una corriente sensible,
calidad y profunda corra en nuestra relaciones; que nos comprendamos y nos
perdonemos; nos estimulemos y nos celebremos como hijos de una misma madre; que
no haya en nuestro obstáculos, reticencias ni bloqueos, antes bien, seamos
abiertos y leales, sinceros y afectuosos y crezca la confianza como un árbol
frondoso que cubra con su sombra, a todos los hermanos de la casa, señor
Jesucristo.
·
Así lograremos u hogar
cálido y feliz que se le levantara, cual ciudad en la montaña, como señal
profética de que tu gran sueño se cumple, y de que tú
mismo, señor Jesús estas vivos entre nosotros.
Así sea.


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