30 marzo 2014

Padre Ignacio Larrañaga

LA GRACIA DEL AMOR FRATERNO (Autor: I. Larrañaga)

Señor Jesús,
·         Fue tu gran sueño que fuéramos uno como el padre y tú, y que nuestra unidad se consumara en nuestra unidad.
·         Fue tú gran mandamiento testamento final y bandera distintiva para tus seguidores.
·         Que nos amaramos como tus nos habías amado; y tú nos amaste como el padre te había amado a ti.
·         Esa fue la fuente, la medida y el modelo.
·         Con los doce formaste una familia itinerante.
·         Fuiste con ellos sincero y veraz, exigente y compresivo, sobre todo muy paciente.
·         Igual que en una familia, los alertaste ante los peligros, los estimulaste ante las dificultades, celebraste sus existo, les lavaste los pies, les serviste en la mesa.
·         Nos distes, primero, el ejemplo y, después, nos dejaste el precepto ámense como lo he amado.
·         En la nueva familia o fraternidad que formamos en tu nombre te acogemos como don del padre y te integramos como hermano nuestro, señor Jesús.
·         Tú serás pues, nuestra fuerza aglutinante y nuestra alegría.

Si tú no estás vivo entre nosotros….

Tú te repites y revives en cada miembro….

·         Derriba en nosotros las altas murallas levantadas por el egoísmo, el orgullo y la vanidad.
·         Aleja de nuestras puertas las envidias que obstruyen y destruyen la unidad.
·         Líbranos de las inhibiciones. Calma los impulsos agresivos.
·         Purifica las fuentes originales. Y que lleguemos a sentir como tú sentías, y amar como tu amabas.

·         Tú serás nuestro modelo y nuestro guía, oh señor Jesús.
·         Danos la gracia del amor fraterno: que una corriente sensible, calidad y profunda corra en nuestra relaciones; que nos comprendamos y nos perdonemos; nos estimulemos y nos celebremos como hijos de una misma madre; que no haya en nuestro obstáculos, reticencias ni bloqueos, antes bien, seamos abiertos y leales, sinceros y afectuosos y crezca la confianza como un árbol frondoso que cubra con su sombra, a todos los hermanos de la casa, señor Jesucristo.

·         Así lograremos u  hogar cálido y feliz que se le levantara, cual ciudad en la montaña, como señal profética de que tu gran sueño se cumple, y de que tú mismo, señor Jesús estas vivos entre nosotros.
Así sea.   



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