Cristo
Jesús, fuiste tú el primer solidario.
Renunciando
a los esplendores de la divinidad, te hiciste solidario del hombre, pobre
peregrino con su soledad a cuestas, participando en la caravana de la
existencia humana hasta las últimas consecuencias.
·
Has de mí
un ser solidario,
·
Para
poder caminar junto al inválido,
·
Dar la
mano al ciego,
·
Asistir
a los que mueren abandonados en los hospitales,
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Enseñar
a leer y escribir a los analfabetos,
·
Ofrecer
un rincón de la casa a los expulsados de
su casa por no haber podido pagar el precio del alquiler,
·
prestar
ayuda al que se encuentra en una emergencia extrema, protestar por los que han
sido torturados o los que fueron inmolados por defender a los oprimidos,
·
Quitar
el pan de la boca para dárselo al hambriento,
·
Que se
muere en el camino,
·
Participar
en el funeral de los muertos por accidentes en las fabricas, en los andamios,
en cualquier campo de trabajo, o los que cayeron en la calle acribillados por los
agentes de la represión,
·
Ponerme
en la mira de la policía por haber alzado la voz a favor de los oprimidos,
formar fila en la gran marcha de los que luchan por los derechos humanos,
·
Por la
unión de los trabajadores, por mejores salarios, por la promoción de la
sensibilidad fraterna de la justicia y de la paz.
Todos
estos se serán a tu derecha, señor, nimbados con la aureola de las bienaventuranzas:
Los
perseguidos por la justicia y los que trabajaron por la paz.


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